EL HADA DEL SAUCE

Publicado 30 de septiembre de 2012 por Cosas de meiga

Los sauces ejercieron siempre una extraña fascinación sobre mí.Me siento atraída por su aspecto lánguido y misterioso y por las historias fantásticas que cuentan de ellos.

En mi tierra se dice que los Sauces son el escondite de las hadas.

Es cierto que reúnen todas las condiciones para serlo, suelen estar cerca de las orillas de los ríos y sus ramas inclinadas hacia el suelo forman una cortina que permite a esas diminutas deidades estar a salvo de las miradas de los curiosos.Que el sauce es uno de los árboles sagrados de los Celtas, lo supe mucho mas tarde, así que mi fascinación por ellos tenia mas que ver con la fantasía y la imaginación de una niña, que con el mundo Celta.La leyenda dice que en los días de lluvia, si pasas cerca de un Sauce no debes escudriñar nunca por debajo de sus ramas. Las hadas no salen de su escondite cuando llueve, porque el agua de la lluvia, sobre todo si son aguaceros fuertes, puede lastimar sus alas e incluso romperlas. Así que nunca salen en días de lluvia, y si te asomas y ellas esta allí, en su refugio, no les va a hacer ninguna gracia

 

 

 

Las hadas se alimentan de la luz y de la energía del sol y no pierden ni un segundo cuando el día es luminoso, Ese es el momento en que puedes acercarte al Sauce, cuando el Sol se coloca sobre el y lo envuelve con su luz

Se sabe, también, que las hadas tienen un aureola dorada y van impregnando todo lo que tocan con ella y es posible que las ramas del Sauce retenga un poco de esa energía y si cortas un pequeña ramita de las que están mas bajas rozando el suelo y la guardas entre tus cosas, algo de la magia de las hadas se propagara por tu entorno y en tu vida…
No puedo decir que esto no sea otra cosa que una fantasía, yo era muy pequeña cuando me lo contaron.Hoy en el parque de Cástrelos el sol estaba alto y los sauces resplandecían.

A veces el respeto a la memoria de nuestros maestros, depende de cosas muy sencillas, recordar palabras, recuperar sensaciones o hacer un gesto. Un gesto como inclinarse para recoger una pequeña rama de un árbol y guardarla con toda la ilusión y toda la fe solo por que alguien, en quien confiamos, nos aseguró que ese era el árbol donde se escondían las hadas,

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